Publié le 12 mars 2024

La democracia empresarial directa a menudo conduce a la parálisis, pero la solución no es menos democracia, sino una mejor estructurada.

  • El método de toma de decisiones por « consentimiento » (sociocracia) es más ágil que el « consenso » tradicional.
  • Es vital crear mecanismos claros para la gestión de excedentes, la integración de nuevos socios y la compensación a fundadores.

Recomendación: Implementar un proyecto piloto de gobernanza sociocrática en un solo departamento o « círculo » antes de extenderlo a toda la organización.

Adoptar el modelo « una persona, un voto » es el pilar de la economía social y una aspiración para muchos emprendedores y colectivos de trabajadores. La promesa de una gestión horizontal, justa y donde cada voz cuenta es poderosa. Sin embargo, la realidad a menudo choca con este ideal. Muchos temen que este principio democrático sea sinónimo de asambleas interminables, decisiones paralizadas por la búsqueda de un consenso imposible y, en última instancia, el caos operativo que ahoga la viabilidad del proyecto.

Las soluciones que se suelen barajar se centran en limitar la democracia, establecer jerarquías informales o simplemente resignarse a la ineficiencia como el « precio a pagar » por la equidad. Pero, ¿y si el problema no fuera la democracia en sí, sino nuestra forma de implementarla? ¿Si el caos no fuera una consecuencia inevitable del « una persona, un voto », sino el síntoma de una falta de estructura, procesos y herramientas adecuadas? La clave no está en renunciar a los principios, sino en dotarlos de un sistema de gobernanza que los haga funcionales y eficientes.

Este artículo actúa como un manual de operaciones para construir esa estructura. No se trata de un manifiesto ideológico, sino de una guía práctica para transformar el ideal democrático en una ventaja competitiva. Exploraremos cómo la sociocracia puede agilizar la toma de decisiones, cómo gestionar los desafíos financieros y de crecimiento de forma equitativa y cómo usar la tecnología para fortalecer la transparencia y la participación. El objetivo es claro: demostrar que una empresa democrática no solo es posible, sino que puede ser más resiliente, innovadora y sostenible que su contraparte tradicional.

Para navegar por estos complejos pero cruciales aspectos, hemos estructurado este análisis en varias secciones clave. Cada una aborda un desafío específico de la gestión cooperativa y ofrece soluciones probadas y marcos de trabajo prácticos.

¿Por qué las cooperativas resisten mejor las crisis económicas que las sociedades anónimas?

La resiliencia de las cooperativas no es un mito romántico, sino una realidad económica fundamentada en su estructura. A diferencia de las sociedades anónimas, cuyo principal objetivo es maximizar el retorno para el accionista (a menudo a costa del empleo en tiempos difíciles), las cooperativas priorizan la estabilidad de sus socios-trabajadores. Esta diferencia fundamental se manifiesta en una mayor flexibilidad interna. Ante una caída de la demanda, una cooperativa puede decidir colectivamente reducir jornadas o salarios de forma temporal y equitativa, en lugar de recurrir a despidos masivos. Esta capacidad de adaptación protege el capital humano y el conocimiento acumulado en la organización.

Además, el principio de intercooperación fomenta la mutualización del riesgo. Las cooperativas a menudo forman redes de apoyo que les permiten ayudarse mutuamente, compartir recursos o incluso reubicar personal entre entidades del grupo según las necesidades del momento. Los datos respaldan esta visión, pues diversos informes muestran que las cooperativas destruyen menos empleo y se crean en mayor número en tiempos de crisis que durante épocas de bonanza económica. Este enfoque en la sostenibilidad a largo plazo por encima del beneficio a corto plazo es su mayor fortaleza.

Caso Mondragón: reubicación de trabajadores durante crisis

Durante la crisis industrial de los años 80, la Corporación Mondragón demostró el poder de la mutualización del riesgo. En lugar de despedir a los trabajadores de las cooperativas que enfrentaban dificultades, el grupo los reubicó en otras cooperativas más estables dentro de la corporación. Para aquellos que no pudieron ser reubicados inmediatamente, se proporcionó una asistencia de ingresos equivalente al 80% de su salario. Esta estrategia no solo preservó miles de empleos, sino que mantuvo intacto el tejido productivo y social, permitiendo una recuperación más rápida cuando las condiciones del mercado mejoraron.

Esta resiliencia intrínseca no surge por azar, sino de una gobernanza que pone a las personas en el centro, convirtiendo lo que podría ser una debilidad (la dependencia del factor humano) en su principal ventaja estratégica frente a la incertidumbre.

Cómo implementar la sociocracia para no eternizar las asambleas de socios

La sociocracia, también conocida como gobernanza dinámica, es un sistema de organización que busca lograr la eficiencia de las estructuras jerárquicas tradicionales sin sacrificar la equivalencia y la inteligencia colectiva. Su concepto central es el paso del « consenso » (todos deben estar de acuerdo) al « consentimiento » (nadie tiene una objeción razonada y argumentada que impida avanzar). Este cambio sutil pero poderoso evita que una sola persona pueda bloquear una decisión por preferencias personales, exigiendo en cambio argumentos que demuestren un riesgo real para la organización.

Para aplicar esto, la sociocracia organiza la empresa en círculos de trabajo semiautónomos. Cada círculo tiene un dominio claro de autoridad (ej. marketing, producción, finanzas) y la potestad de tomar decisiones dentro de ese ámbito sin necesidad de consultar a toda la asamblea. Esto descentraliza el poder y agiliza enormemente la operativa diaria. La comunicación y la coherencia se mantienen a través de un sistema de « doble enlace », donde miembros de cada círculo participan también en el círculo inmediatamente superior, garantizando un flujo de información constante y evitando la creación de silos.

Diagrama visual de círculos interconectados mostrando la estructura sociocrática

La implementación de este modelo requiere formación y un cambio cultural, pero sus beneficios son inmensos. Transforma las asambleas generales, que dejan de ser maratones decisorios sobre temas operativos para convertirse en espacios estratégicos donde se definen las grandes líneas, se crean o disuelven círculos y se asegura que la organización sigue fiel a su misión. A continuación se detallan los pasos para una implementación gradual:

  1. Cambiar de ‘consenso’ a ‘consentimiento’: la pregunta clave pasa a ser « ¿Alguien tiene una objeción razonada para no probar esta propuesta? ».
  2. Establecer círculos de trabajo con autoridad delegada para decisiones específicas (ej. un círculo de comunicación con autonomía sobre la web y redes sociales).
  3. Implementar el sistema de doble enlace entre círculos para garantizar un flujo de información bidireccional.
  4. Comenzar con un piloto en un área específica o un proyecto concreto antes de extender el modelo a toda la cooperativa.
  5. Formar a uno o varios socios como facilitadores expertos en el método de decisión por consentimiento para guiar las reuniones.

Al adoptar la sociocracia, una cooperativa no renuncia a su alma democrática, sino que le proporciona un esqueleto ágil y robusto para operar con eficacia en el mundo real.

Capitalización vs Reparto de excedentes: ¿qué hacer con el dinero ganado a final de año?

Uno de los debates más importantes en cualquier cooperativa al final del ejercicio económico es la gestión de los excedentes. A diferencia de una empresa tradicional donde el beneficio se distribuye a los accionistas, en una cooperativa existen dos destinos principales: el reparto entre los socios (conocido como retorno cooperativo) y la capitalización, es decir, la reinversión en la propia empresa a través de fondos de reserva.

No hay una respuesta única correcta; la decisión óptima depende del momento vital de la cooperativa, su estrategia a largo plazo y el contexto del mercado. Una cooperativa joven, por ejemplo, debería priorizar la capitalización para fortalecer su estructura financiera, invertir en activos y construir un colchón de seguridad. Un reparto excesivo en las primeras etapas puede dejarla vulnerable ante cualquier imprevisto. Por el contrario, una cooperativa madura y consolidada, con reservas sólidas, puede permitirse un mayor reparto como recompensa justa al trabajo de sus socios.

Para facilitar esta decisión estratégica, es útil contar con una matriz que sirva de guía, como la que se presenta a continuación, extraída de análisis sobre el desarrollo cooperativo.

Matriz de decisión: Capitalización vs Reparto según fase cooperativa
Fase de la Cooperativa Contexto de Mercado Favorable Contexto de Crisis
Cooperativa Joven (0-5 años) 70% capitalización, 30% reparto 90% capitalización, 10% reparto
Cooperativa en Crecimiento (5-15 años) 50% capitalización, 50% reparto 70% capitalización, 30% reparto
Cooperativa Madura (>15 años) 30% capitalización, 70% reparto 50% capitalización, 50% reparto

La clave está en la transparencia y la pedagogía. La decisión sobre el destino de los excedentes debe tomarse en asamblea, explicando claramente las implicaciones de cada escenario para que todos los socios comprendan que una alta capitalización hoy es la garantía de la estabilidad y los retornos del mañana.

El riesgo de contratar demasiados asalariados no socios que desvirtúa tu cooperativa

A medida que una cooperativa crece, surge una tentación peligrosa: cubrir las nuevas necesidades de personal contratando trabajadores asalariados en lugar de incorporar nuevos socios. Si bien puede parecer una solución rápida y flexible, un exceso de personal no socio a largo plazo puede erosionar la esencia misma del modelo cooperativo. Cuando una parte significativa de la fuerza laboral no participa en la propiedad, la toma de decisiones ni los resultados, se crea una división de facto entre « socios » y « empleados », replicando la estructura jerárquica que se buscaba evitar.

Este fenómeno, conocido como la « deriva empresarial », puede llevar a situaciones en las que un pequeño grupo de socios gestiona a una gran masa de asalariados, perdiéndose la cultura de implicación y responsabilidad compartida. Para prevenirlo, muchas legislaciones establecen límites. Aunque varía según el país y el tipo de cooperativa, es común encontrar normativas que exigen un mínimo del 33% de trabajadores-propietarios para mantener el estatus de cooperativa de trabajo. Más allá de la ley, lo fundamental es el compromiso de la organización con sus principios.

La solución no es prohibir la contratación, que puede ser necesaria para picos de trabajo o perfiles muy específicos, sino establecer un camino claro y transparente para que los asalariados puedan convertirse en socios si así lo desean y demuestran su valía. Este proceso debe ser un puente, no una barrera, y puede estructurarse de la siguiente manera:

  1. Establecer un período de prueba inicial (ej. 6-12 meses) como asalariado para una evaluación mutua.
  2. Evaluar no solo las competencias técnicas, sino también la alineación con los valores y la cultura cooperativa.
  3. Ofrecer formación obligatoria sobre los principios, estatutos y funcionamiento financiero de la cooperativa.
  4. Permitir que el candidato presente su postulación al Consejo Rector, idealmente con el aval de otros socios.
  5. Aprobar la entrada del nuevo socio mediante votación en la asamblea general.
  6. Definir una aportación de capital inicial que sea asequible y ofrecer opciones de financiación o pago fraccionado.

Fomentar activamente la incorporación de nuevos socios no solo protege la identidad de la cooperativa, sino que también enriquece la organización con nuevo talento, perspectivas y energía, asegurando su vitalidad a largo plazo.

Preparar la entrada de nuevos socios jóvenes sin que los fundadores pierdan su inversión inicial

Uno de los momentos más delicados en la vida de una cooperativa es el relevo generacional. Los socios fundadores, que a menudo han invertido no solo dinero sino años de trabajo con baja o nula remuneración (el llamado « capital sudor »), pueden sentir que la entrada de nuevos socios « diluye » su esfuerzo inicial. Si un nuevo miembro puede entrar con una aportación de capital estándar y obtener los mismos derechos y participación en los beneficios, ¿cómo se reconoce el sacrificio de los pioneros? Este es un obstáculo real que, si no se gestiona bien, puede bloquear el crecimiento y envejecer la organización.

La solución no pasa por romper el principio democrático de « una persona, un voto », sino por crear mecanismos financieros que reconozcan esa inversión inicial sin generar privilegios en la gobernanza. El objetivo es separar el derecho político (que debe ser igual para todos) del retorno económico sobre una inversión fundacional documentada.

Manos de diferentes generaciones intercambiando herramientas de trabajo simbólicas

Existen varias fórmulas, pero una de las más eficaces es la creación de un fondo de compensación o la emisión de « participaciones de capital sudor ». Este enfoque permite que el valor del trabajo no remunerado de los fundadores se cuantifique y se registre contablemente. A medida que nuevos socios se incorporan, una parte de su aportación al capital se puede destinar a reembolsar gradualmente esa inversión inicial.

Mecanismo de compensación fundacional

Algunas cooperativas de servicios profesionales han implementado con éxito fondos de compensación para los fundadores. Según estudios sobre gobierno corporativo en cooperativas, un modelo funcional consiste en destinar un porcentaje (por ejemplo, entre el 20% y el 30%) de las aportaciones de capital de cada nuevo socio a un fondo específico. Este fondo se utiliza exclusivamente para reembolsar, año tras año, la inversión inicial (tanto monetaria como el « capital sudor » valorado) de los socios fundadores. Una vez que la inversión fundacional ha sido completamente reembolsada, este mecanismo se desactiva. Así, se reconoce el esfuerzo pionero sin crear una clase de socios con más poder.

Este tipo de soluciones permite a la cooperativa crecer y rejuvenecerse, atrayendo nuevo talento sin que los fundadores sientan que su esfuerzo es ignorado, garantizando así la armonía y la continuidad del proyecto.

Usar plataformas digitales gratuitas para gestionar los intercambios de tu grupo de forma transparente

En una organización democrática, la transparencia no es una opción, es una necesidad. La confianza se construye sobre la base de que todos los socios tienen acceso a la misma información, especialmente en lo que respecta a las decisiones, las finanzas y el conocimiento interno. Afortunadamente, hoy en día existe un ecosistema de herramientas digitales, muchas de ellas gratuitas o de bajo coste, que permiten construir una infraestructura de gobernanza transparente y participativa sin necesidad de grandes inversiones tecnológicas.

La clave es elegir la herramienta adecuada para cada función, creando un « stack » de gobernanza digital interconectado. No se trata de encontrar una única plataforma que lo haga todo, sino de combinar varias aplicaciones especializadas. Por ejemplo, una herramienta puede ser excelente para votaciones estructuradas, mientras que otra es mejor para debates abiertos y una tercera para la gestión transparente de las finanzas. La combinación inteligente de estas plataformas crea un entorno donde la información fluye de manera natural y es accesible para todos.

Un buen punto de partida es mapear las funciones clave de la gobernanza y asignarles una herramienta específica, tal como se sugiere en los recursos de organizaciones que promueven la gobernanza dinámica.

Ecosistema digital para gobernanza democrática cooperativa
Función Herramienta Recomendada Uso Específico
Toma de decisiones Loomio Votaciones por consentimiento, debates estructurados
Debates abiertos Decidim Propuestas participativas, consultas
Transparencia financiera OpenCollective Gestión transparente de fondos comunes
Base de conocimiento Notion Documentación, actas, políticas compartidas
Gestión de tareas Trello/Asana Roadmap público, backlog de decisiones

La implementación de estas herramientas no reemplaza las reuniones cara a cara, que siguen siendo esenciales para construir lazos de confianza. Sin embargo, las complementan, permitiendo que el trabajo asíncrono sea más eficiente y que las decisiones estén siempre documentadas y al alcance de todos.

Autónomo o Cooperativa de facturación: ¿qué opción te deja más dinero neto al empezar?

Para muchos profesionales independientes, especialmente al inicio de su carrera, surge una duda crucial: ¿es mejor operar como autónomo individual o unirse a una cooperativa de facturación? A primera vista, la opción de autónomo parece ofrecer más libertad y el 100% de los ingresos. Sin embargo, un análisis más profundo revela que la cooperativa puede ofrecer ventajas económicas y de seguridad que a menudo compensan las comisiones de gestión.

La principal diferencia radica en la mutualización del riesgo y de los costes. Como autónomo, asumes individualmente todos los gastos administrativos (gestoría, cuota de autónomos, seguros) y, lo que es más importante, el 100% del riesgo de impago por parte de un cliente. En una cooperativa de facturación, estos costes se comparten entre muchos socios, reduciendo la carga individual. Además, la cooperativa suele ofrecer una estructura legal y comercial más sólida, lo que facilita el acceso a clientes más grandes que a menudo son reacios a contratar a profesionales individuales.

Como destaca un análisis económico sobre cooperativismo, la lógica subyacente es radicalmente distinta.

En este tipo de negocios, no es el capital el que asume el control del trabajo, sino el trabajo el que controla al capital. El excedente económico, cuando existe, se distribuye equitativamente entre sus asociados.

– Análisis económico cooperativo, Infobae – Cooperativismo, distribución del ingreso y democracia

La siguiente tabla compara los dos modelos en aspectos clave para un profesional que empieza:

Comparativa financiera y de riesgo: Autónomo vs Cooperativa de Facturación
Aspecto Autónomo Cooperativa de Facturación
Riesgo de impago 100% asumido individualmente Mutualizado entre socios
Acceso a clientes grandes Limitado por tamaño individual Mayor capacidad negociadora grupal
Costes administrativos 100% individual Compartidos (menor coste unitario)
Potencial ganancia máxima Sin límite teórico Limitada por reparto equitativo
Apoyo en crisis Inexistente Red de apoyo mutuo
Escalabilidad Compleja (contratar, etc.) Facilitada por estructura existente

Si bien el potencial de ganancia máxima puede ser teóricamente inferior en una cooperativa, la estabilidad, el apoyo de la red y la reducción de la carga administrativa pueden traducirse en un mayor ingreso neto y, sobre todo, en una mayor tranquilidad para el profesional.

Puntos clave a recordar

  • La resiliencia cooperativa se basa en la flexibilidad interna y la mutualización del riesgo, priorizando el empleo sobre el beneficio a corto plazo.
  • La sociocracia, con su método de « consentimiento » y sus « círculos de trabajo », es la herramienta clave para una gobernanza democrática ágil y eficiente.
  • Una gestión financiera transparente y la creación de caminos claros para la integración de nuevos socios son cruciales para la sostenibilidad y la justicia intergeneracional.

Cómo intercambiar servicios sin usar dinero mediante un banco de tiempo en tu ciudad

El espíritu cooperativo no se limita a la estructura interna de una empresa; puede extenderse para crear ecosistemas económicos alternativos basados en la confianza y la reciprocidad. Un ejemplo poderoso de esto es el banco de tiempo, un sistema donde los participantes intercambian servicios sin utilizar dinero. La moneda de cambio es el tiempo, y el principio es simple: una hora de tu trabajo vale lo mismo que una hora del trabajo de cualquier otra persona, sin importar el servicio prestado.

Este modelo no solo ofrece una solución para acceder a servicios cuando el dinero es escaso, sino que también teje redes comunitarias muy fuertes. Puede aplicarse a nivel de barrio entre individuos, pero también es una herramienta potentísima para la intercooperación B2B (Business-to-Business). Varias cooperativas de una misma ciudad pueden crear un banco de tiempo profesional, intercambiando horas de diseño gráfico por horas de contabilidad, o asesoría legal por mantenimiento informático. Esto les permite acceder a servicios expertos sin afectar su flujo de caja, creando una economía circular y solidaria.

Modelo suizo de banco de tiempo para cuidado intergeneracional

Un innovador modelo de banco del tiempo implementado en Suiza se ha enfocado en el cuidado de personas mayores. Las personas que colaboran cuidando a adultos mayores acumulan horas que se registran en su cuenta personal de seguridad social. En el futuro, cuando ellas mismas necesiten apoyo, pueden « gastar » esas horas acumuladas para recibir cuidados. Este sistema plantea una solución sostenible y comunitaria al desafío del cuidado en la vejez, sin depender exclusivamente del sistema público o del mercado, y basado en la reciprocidad a lo largo del ciclo vital.

Crear un sistema de este tipo requiere organización, pero es más sencillo de lo que parece gracias a plataformas digitales diseñadas para ello.

Plan de acción: Crear un banco de tiempo entre cooperativas

  1. Puntos de contacto: Identificar y listar cooperativas locales con servicios y necesidades complementarias (ej. diseño, contabilidad, marketing, legal).
  2. Colecta de servicios: Inventariar y crear un catálogo claro de los servicios profesionales que cada cooperativa puede ofrecer a la red.
  3. Coherencia de reglas: Establecer un marco de funcionamiento básico, con el principio central de « 1 hora = 1 hora » y definir las condiciones de uso.
  4. Mecanismo de gestión: Utilizar una plataforma digital gratuita como Time-Overflow para registrar los intercambios de forma transparente y organizar encuentros para fortalecer la confianza.
  5. Plan de integración: Lanzar un piloto con 3-4 cooperativas de confianza antes de abrir la red, estableciendo un límite de horas acumulables para fomentar la circulación.

Evaluar la implementación de un banco de tiempo es el siguiente paso lógico para cualquier cooperativa que busque no solo ser democrática por dentro, sino también construir un ecosistema económico más justo y solidario a su alrededor.

Rédigé par Javier Solís, Economista heterodoxo y consultor en Economía Social y Solidaria con 12 años de trayectoria asesorando a cooperativas y empresas de triple impacto. Doctor en Economía del Desarrollo, especializado en finanzas éticas, monedas locales y modelos de negocio post-capitalistas.