
Frente a la gentrificación que sube los precios y expulsa a los vecinos, el Fideicomiso de Tierras Comunitario (CLT) es la herramienta más poderosa para tomar el control definitivo del futuro de un barrio.
- Garantiza que la vivienda sea permanentemente asequible al separar la propiedad del suelo (comunitario) de la del edificio (individual).
- Actúa como un « sistema operativo » para el barrio, permitiendo no solo proteger viviendas, sino también salvar comercios locales y crear servicios comunitarios.
Recomendación: La clave es empezar a organizarse no solo para resistir el desplazamiento, sino para construir activamente un modelo de propiedad alternativo que beneficie a la comunidad a largo plazo.
El corazón de tu barrio late en sus calles, en la ferretería de la esquina que conoce tu nombre, en las fachadas de los edificios que han visto pasar generaciones y en los vecinos que forman el tejido social. Pero, ¿qué ocurre cuando ese corazón se ve amenazado? La gentrificación llega como una promesa de « mejora », pero a menudo se traduce en un aumento de alquileres e impuestos que expulsa a las familias y comercios de toda la vida, reemplazando la identidad local por una fachada genérica y costosa. Muchos se resignan a protestar o a buscar soluciones legales complejas y costosas.
Las respuestas habituales se centran en proteger edificios como si fueran piezas de museo o en luchar caso por caso contra los desalojos, tácticas necesarias pero a menudo insuficientes. Tratan los síntomas, no la causa fundamental: la tierra como una mercancía sujeta a la especulación. Pero si la verdadera clave no fuera solo resistir, sino construir un sistema inmune a la especulación desde sus cimientos. ¿Y si los propios vecinos pudieran convertirse en los guardianes de su tierra?
Este es el poder del Fideicomiso de Tierras Comunitario (CLT), un modelo que va mucho más allá de la vivienda asequible. Es una estructura que permite a la comunidad tomar las riendas de su propio desarrollo, asegurando que el valor que crean se quede en el barrio y beneficie a sus residentes, no a inversores externos. Este artículo no es un tratado teórico; es una hoja de ruta para vecinos organizados que buscan una solución radical y duradera. Exploraremos cómo funciona este « sistema operativo de barrio », desde su mecanismo central para garantizar precios bajos hasta sus aplicaciones para salvar la economía local y fortalecer los lazos sociales.
Para navegar por esta solución integral, hemos estructurado este artículo en varias secciones clave. A continuación, encontrarás un resumen de los temas que abordaremos, diseñados para guiarte paso a paso en la comprensión y aplicación de un Fideicomiso de Tierras Comunitario.
Sumario: Guía completa sobre el Fideicomiso de Tierras Comunitario como herramienta de poder vecinal
- ¿Por qué separar la propiedad del suelo de la del vuelo garantiza precios bajos para siempre?
- Cómo crear una campaña de fidelización de barrio para salvar a la ferretería de la esquina
- Catalogar edificios emblemáticos vs Comprarlos entre todos: ¿qué salva mejor la identidad del barrio?
- El riesgo de que tu barrio se ponga de moda y expulse a los vecinos de toda la vida
- Conectar a ancianos solos con estudiantes que buscan habitación para fortalecer el tejido social
- Cómo organizarse entre vecinos para frenar un desalojo injustificado sin recursos legales costosos
- ¿Por qué la cesión de uso evita la especulación y garantiza vivienda barata a tus hijos?
- Cómo la planificación urbana afecta tu acceso a servicios básicos en menos de 15 minutos
¿Por qué separar la propiedad del suelo de la del vuelo garantiza precios bajos para siempre?
El concepto central de un Fideicomiso de Tierras Comunitario (CLT) es radicalmente simple pero transformador: la comunidad, a través del fideicomiso, es dueña del suelo de forma perpetua. Los residentes, por su parte, compran o alquilan únicamente la vivienda (el « vuelo ») que se encuentra sobre esa tierra. Esta separación es la clave para lograr una inmunidad especulativa. En el mercado tradicional, el valor de una propiedad se dispara principalmente por la especulación sobre el valor del suelo, no por el valor del ladrillo y el cemento del edificio. Al sacar el suelo de la ecuación de compra-venta, el CLT rompe este ciclo.
El resultado es una reducción drástica del coste de acceso a la vivienda. Los datos demuestran que las viviendas en un CLT se venden por menos de un tercio de la mediana del precio del mercado en algunas áreas. Pero la verdadera magia reside en la asequibilidad permanente. El propietario de la vivienda no puede venderla al precio que dicte el mercado. En su lugar, la venta se rige por una fórmula de reventa preestablecida en el contrato con el CLT. Esta fórmula permite al propietario recuperar su inversión inicial y una parte limitada y justa de la apreciación, asegurando que la casa siga siendo asequible para el siguiente comprador de ingresos similares. Es un modelo de propiedad de mayordomía, donde cada propietario cuida del activo para la siguiente generación.
Esta tabla comparativa ilustra claramente las diferencias fundamentales entre el modelo de propiedad que todos conocemos y el enfoque revolucionario del CLT.
| Aspecto | Propiedad Tradicional | Modelo CLT |
|---|---|---|
| Propiedad del suelo | Individual completa | Colectiva/Fideicomiso |
| Precio de compra | 100% del valor de mercado | Solo el valor del inmueble (sin suelo) |
| Apreciación | Ilimitada según mercado | Limitada por fórmula de reventa |
| Asequibilidad futura | No garantizada | Permanente (99 años renovables) |
| Control comunitario | Ninguno | Junta tripartita con residentes |
Así, el CLT no solo ofrece una entrada más barata a la vivienda, sino que crea un patrimonio de viviendas permanentemente asequibles que actúa como un ancla de estabilidad para toda la comunidad.
Cómo crear una campaña de fidelización de barrio para salvar a la ferretería de la esquina
La fortaleza de un CLT va más allá de las paredes de las viviendas; se extiende a la vitalidad de la economía local. Cuando un comercio de toda la vida, como una ferretería, una panadería o una librería, se enfrenta al cierre por la subida del alquiler o la jubilación del dueño, el barrio pierde más que un servicio: pierde un punto de encuentro, un pilar de su identidad. Un CLT puede ser el vehículo para que los vecinos tomen el control de estos espacios comerciales, creando una economía de arraigo que sirve a la comunidad, no a la especulación.
La idea es aplicar el mismo principio del suelo comunitario a los locales comerciales. El CLT adquiere la propiedad del local y lo alquila a un precio justo y estable a una cooperativa de trabajadores, al antiguo dueño o a un nuevo emprendedor local que se comprometa con los valores del barrio. Esto no solo salva el negocio, sino que lo transforma en un activo comunitario. Para movilizar a los vecinos en torno a esta causa, es crucial crear una campaña que no solo pida donaciones, sino que construya un sentimiento de propiedad y orgullo colectivo. Se pueden crear programas de membresía donde los vecinos « socios » obtienen descuentos, acceso a talleres o voz en algunas decisiones del negocio, fortaleciendo el lazo entre el comercio y su clientela.

Como se aprecia en la imagen, el primer paso es siempre la organización comunitaria. Reunirse, discutir y planificar colectivamente es la base para transformar la preocupación en acción concreta. A partir de ahí, se puede seguir una hoja de ruta clara para estructurar la compra y gestión del comercio.
Plan de acción para la compra comunitaria de un comercio local
- Puntos de contacto: Identificar a los vecinos clave, líderes comunitarios y al propietario actual del comercio para iniciar el diálogo y evaluar la viabilidad.
- Collecte: Realizar un estudio de viabilidad económica del negocio e inventariar todas las posibles fuentes de financiación (aportes vecinales, subsidios, préstamos éticos).
- Cohérence: Definir la estructura legal (asociación, pre-cooperativa) y confrontar el plan con los valores del barrio: ¿el objetivo es solo salvar el negocio o transformarlo en un modelo más justo?
- Mémorabilité/émotion: Desarrollar un modelo de membresía o participación con beneficios que conecten emocionalmente a los vecinos con el comercio, haciéndolo verdaderamente « suyo ».
- Plan d’intégration: Crear una hoja de ruta detallada para la negociación de la compra, la captación de fondos y el establecimiento de un modelo de gestión participativa a largo plazo.
Salvar la ferretería de la esquina no es un acto de nostalgia, es una declaración política: la economía de nuestro barrio nos pertenece y la gestionaremos para nuestro bienestar colectivo.
Catalogar edificios emblemáticos vs Comprarlos entre todos: ¿qué salva mejor la identidad del barrio?
Cuando la piqueta de la gentrificación amenaza un edificio con valor histórico o sentimental, la primera reacción suele ser buscar su protección patrimonial. Catalogar un edificio puede proteger su fachada de la demolición, pero raramente protege a la gente que vive o trabaja dentro. Un edificio puede mantener su hermosa arquitectura exterior mientras sus alquileres se disparan y sus inquilinos de toda la vida son desplazados. La protección se convierte en una cáscara vacía, preservando la estética del barrio para los nuevos residentes adinerados y los turistas, pero perdiendo su alma.
La alternativa radical que propone el modelo CLT es pasar de la protección simbólica a la propiedad comunitaria. En lugar de pedir a la administración que ponga una placa en la puerta, la comunidad se organiza para comprar el edificio. Al integrarlo en el Fideicomiso de Tierras, se garantiza no solo la preservación física del inmueble, sino también su uso social y su asequibilidad a perpetuidad. Esto asegura que el edificio siga siendo un recurso para la comunidad que luchó por él. La organización Dudley Street Neighborhood Initiative (DSNI) en Boston es un ejemplo pionero de cómo el control del suelo da un poder inigualable a los vecinos.
Estudio de caso: El CLT Sawmill de Albuquerque y el poder de la propiedad
En 1996, los residentes del barrio de Sawmill en Albuquerque, en su mayoría de bajos ingresos, se unieron para luchar contra la contaminación de una fábrica de partículas. Su victoria no se detuvo ahí; querían asegurarse de que el terreno no fuera adquirido por desarrolladores que gentrificaran la zona. Decidieron formar un CLT para ejercer un control real sobre el futuro de ese espacio. Aunque algunos vecinos expresaron dudas sobre no ser « dueños » completos del suelo, un veterano de la comunidad les recordó que, en la práctica, tampoco eran dueños de su propiedad en ese momento, ya que estaban a merced del mercado. La visión de controlar los costos de la vivienda a largo plazo y definir el uso del suelo calmó las inquietudes y les permitió pasar de ser víctimas de la contaminación a ser los arquitectos de su propio barrio.
Como bien resume un experto de la Dudley Street Neighborhood Initiative (DSNI), una de las organizaciones pioneras en este campo, el control del suelo es la herramienta definitiva:
El hecho de tener un fideicomiso de suelo nos da un nivel de impacto adicional cuando organizamos para determinar el destino de una parcela particular de terreno.
– John Smith, Dudley Street Neighborhood Initiative (DSNI)
En definitiva, mientras que la catalogación pone el pasado del barrio en un museo, la compra comunitaria a través de un CLT le garantiza un futuro vivo y en manos de su gente.
El riesgo de que tu barrio se ponga de moda y expulse a los vecinos de toda la vida
La gentrificación es un proceso paradójico y doloroso. Comienza con pequeñas mejoras, la llegada de una cafetería de diseño o una galería de arte, que hacen el barrio más « atractivo ». Sin embargo, esta nueva « moda » atrae la atención de inversores y desarrolladores inmobiliarios, que ven una oportunidad de negocio. Compran propiedades, las renuevan y las venden o alquilan a precios mucho más altos, provocando una escalada de precios en toda la zona. De repente, los vecinos que construyeron la comunidad, con sus redes de apoyo y su historia, ya no pueden permitirse vivir en su propio hogar. Este fenómeno, conocido como desplazamiento, es el rostro más cruel de la especulación urbana.
El problema es sistémico: en un mercado desregulado, el valor de una comunidad es extraído por capital externo en lugar de beneficiar a sus residentes. Los Fideicomisos de Tierras Comunitarios surgen como una respuesta directa y contundente a esta amenaza. En lugares que experimentan una intensa presión inmobiliaria, como California, el interés en este modelo se ha disparado. De hecho, el número de fideicomisos de tierras comunitarias se ha triplicado en California desde 2014, demostrando ser una de las herramientas más efectivas para construir un dique de contención contra las olas especulativas. Zonas como Washington D.C., que vieron triplicarse el valor de la vivienda en poco más de una década, también recurren a los CLT para crear un inventario de viviendas permanentemente asequibles.

Esta imagen captura la cruda realidad de un barrio en transición, donde dos mundos coexisten de forma precaria. El CLT trabaja para evitar que el lado derecho de la imagen desaparezca, garantizando que la comunidad existente pueda permanecer y prosperar. No se trata de oponerse a las mejoras, sino de asegurar que las mejoras beneficien a todos, no solo a los que pueden pagar un precio más alto. Al establecer un stock de viviendas y locales fuera del mercado especulativo, el CLT crea un ancla de estabilidad que modera el aumento de precios en su entorno y ofrece una opción real para que los residentes se queden.
En lugar de ser víctimas pasivas del mercado, los vecinos organizados en un CLT se convierten en agentes activos que deciden quién se beneficia del valor de su comunidad.
Conectar a ancianos solos con estudiantes que buscan habitación para fortalecer el tejido social
Un barrio no es solo un conjunto de edificios, es una red de relaciones humanas. La gentrificación y el individualismo moderno a menudo erosionan esta infraestructura social, dejando a personas vulnerables, como los ancianos, cada vez más aisladas. Al mismo tiempo, jóvenes y estudiantes luchan por encontrar una vivienda asequible. El Fideicomiso de Tierras Comunitario, como plataforma de gestión comunitaria, puede ir más allá de la gestión inmobiliaria y abordar directamente estos desafíos sociales, tejiendo lazos donde antes había vacíos.
Un programa innovador que algunos CLT están explorando es la vivienda intergeneracional compartida. El modelo es sencillo y mutuamente beneficioso: un anciano que vive solo en una casa grande, a menudo propiedad del CLT o de su propiedad, ofrece una habitación a un estudiante a cambio de un alquiler muy bajo o nulo. A cambio, el estudiante se compromete a un número de horas semanales de compañía o ayuda en tareas ligeras, como hacer la compra o simplemente charlar. El CLT actúa como intermediario, garante y mediador, asegurando que ambas partes estén seguras y que el acuerdo sea justo y claro.
Los beneficios son inmensos. El anciano combate la soledad, recibe una ayuda valiosa y se siente más seguro en su hogar. El estudiante accede a una vivienda digna y asequible, a la vez que se integra en la comunidad de una forma significativa. Para el barrio, este tipo de programas reconstruye el tejido social, crea lazos de solidaridad entre generaciones y optimiza el uso del parque de viviendas existente. Para implementar un programa de este tipo con éxito, es fundamental seguir un protocolo claro:
- Crear criterios de elegibilidad: Definir claramente quién puede participar, tanto para los anfitriones mayores (p. ej., mayores de 65 años, con una habitación disponible) como para los estudiantes (p. ej., matriculados en un centro de estudios, con referencias).
- Verificación de antecedentes: Establecer un sistema riguroso de comprobación de referencias y antecedentes para garantizar la seguridad y confianza de ambas partes.
- Desarrollar un contrato estándar: Redactar un acuerdo que especifique las expectativas: horas de compañía, tipo de tareas, normas de convivencia y respeto a la privacidad.
- Fijar el intercambio base: Un estándar común es de 10-15 horas semanales de compañía o ayuda a cambio de la habitación, con la posibilidad de un pequeño pago si las horas son menores.
- Implementar un período de prueba: Establecer un primer mes de prueba con la posibilidad de una mediación facilitada por el CLT si surgen conflictos.
- Sistema de seguimiento y apoyo: El CLT debe ofrecer un acompañamiento continuo, con revisiones mensuales para asegurar que la convivencia funciona para ambas partes.
Este enfoque demuestra que un CLT no es solo una solución de vivienda, sino una herramienta proactiva para construir una comunidad más fuerte, solidaria y conectada.
Cómo organizarse entre vecinos para frenar un desalojo injustificado sin recursos legales costosos
Un aviso de desalojo puede ser una de las experiencias más devastadoras para una familia, especialmente cuando parece injustificado y los recursos para una batalla legal son escasos. En estos momentos de crisis, la fuerza de la comunidad es el recurso más poderoso. Un Fideicomiso de Tierras Comunitario, incluso en sus etapas iniciales de formación, puede actuar como el catalizador para una red de defensa vecinal. La clave es transformar el miedo y el aislamiento individual en una acción colectiva y estratégica, demostrando al propietario o al fondo de inversión que no se enfrentan a un inquilino, sino a un barrio entero.
La organización es la respuesta. Frente a una amenaza de desalojo, la primera acción es romper el silencio y la vergüenza, convocando una asamblea de emergencia. Documentar el caso, repartir roles y crear una caja de resistencia común son pasos cruciales. Más allá del apoyo moral, la organización vecinal puede ejercer una presión significativa: desde campañas en redes sociales y contacto con la prensa local hasta la negociación directa con el propietario, proponiendo alternativas como planes de pago o mediación. Esta movilización no solo puede frenar un desalojo, sino que sienta las bases para una solución a largo plazo: la compra colectiva del inmueble para integrarlo en el CLT y asegurar que ningún vecino vuelva a enfrentarse a esa amenaza.
Como subraya un experto del Centro de Inversión Comunitaria, el CLT añade una dimensión crucial a la lucha por la vivienda, la dimensión del poder:
Cuando hablamos de viviendas asequibles, hablamos de las tres P: proteger a los inquilinos, preservar las comunidades y producir viviendas. El cuarto elemento que ofrece el CLT es poder. Son ellos quienes realmente están trabajando con los residentes para entender qué significa construir y mantener la igualdad, ahora y para las generaciones del futuro.
– Harris, Centro de Inversión Comunitaria
Una estrategia de respuesta rápida es fundamental para ganar tiempo y construir una defensa sólida. A continuación se detalla un plan de acción escalonado:
- Acción inmediata (24-48 horas): Convocar una asamblea vecinal de emergencia para informar y mostrar solidaridad. Documentar la situación del inquilino con fotos, vídeos y todos los documentos pertinentes.
- Día 3-7: Formar un comité de defensa con roles claros: comunicación, asesoría legal, recaudación de fondos y movilización.
- Semana 2: Lanzar una campaña de micromecenazgo o una colecta vecinal para crear un fondo de emergencia que cubra posibles gastos legales iniciales.
- Semana 3: Contactar con sindicatos de inquilinos y organizaciones de derechos a la vivienda para buscar asesoría legal gratuita (pro-bono).
- Largo Plazo: Utilizar el impulso de la movilización para proponer la compra colectiva del edificio e integrarlo en un CLT, convirtiendo la crisis en una victoria permanente para la comunidad.
En definitiva, un desalojo puede ser el catalizador que transforme a un grupo de vecinos preocupados en una comunidad organizada con el poder de asegurar su propio futuro.
¿Por qué la cesión de uso evita la especulación y garantiza vivienda barata a tus hijos?
Dentro del universo de la vivienda no especulativa, el Fideicomiso de Tierras Comunitario (CLT) es un modelo poderoso, pero no es el único. A menudo se le compara con las cooperativas de vivienda en cesión de uso, otro mecanismo eficaz para garantizar la asequibilidad a largo plazo. Comprender sus diferencias es clave para que una comunidad elija la herramienta que mejor se adapte a su escala y objetivos. En ambos modelos, el objetivo es el mismo: eliminar la vivienda del mercado especulativo para que sirva como un hogar y no como un activo financiero.
En la cesión de uso, una cooperativa (formada por los propios residentes) es la propietaria del edificio. Los socios no compran su piso, sino que adquieren el derecho a usarlo de forma indefinida a cambio de una aportación inicial y el pago de una cuota mensual asequible. Al igual que en el CLT, no hay ánimo de lucro. Si un socio deja la cooperativa, recupera su aportación inicial (a menudo actualizada según el IPC), pero no puede vender su « derecho » en el mercado libre. El nuevo socio pagará la misma aportación inicial, garantizando la asequibilidad para siempre. La clave, como en el CLT, es una fórmula que limita la apreciación. Por ejemplo, el Madison Area Community Land Trust establece que el precio de reventa se calcula como el precio de compra inicial más un 1% de interés simple por año de propiedad, más el valor de mejoras aprobadas. Esto asegura un retorno justo pero evita la especulación.
La principal diferencia entre ambos modelos suele ser la escala y la estructura de gobernanza. Mientras que la cesión de uso se centra típicamente en un solo edificio gestionado por sus residentes, el CLT está diseñado para operar a escala de barrio, gestionando múltiples propiedades (viviendas, comercios, jardines) y con una gobernanza tripartita que incluye a residentes, a la comunidad más amplia y al interés público. Esta tabla resume las diferencias clave:
| Criterio | Fideicomiso Comunitario (CLT) | Cesión de Uso |
|---|---|---|
| Escala ideal | Barrio completo o múltiples edificios | Un edificio específico |
| Propiedad del suelo | El CLT retiene la propiedad | Cooperativa o entidad sin lucro |
| Derecho de uso | 99 años renovables | Indefinido mientras seas socio |
| Herencia | Transferible si cumple requisitos de ingreso | Derecho de uso transferible a herederos socios |
| Modelo de gestión | Junta tripartita (residentes, comunidad, interés público) | Asamblea de socios cooperativistas |
| Inversión inicial | Compra de la vivienda sin el suelo | Aportación al capital social de la cooperativa |
En última instancia, tanto el CLT como la cesión de uso comparten una misma filosofía: la vivienda es un derecho, no un negocio, y su gestión debe estar en manos de la comunidad para garantizar ese derecho a las generaciones presentes y futuras.
Puntos clave a recordar
- El poder del CLT reside en separar la propiedad del suelo (comunitaria) de la del edificio, neutralizando la especulación inmobiliaria de raíz.
- Un CLT es una plataforma versátil: no solo asegura vivienda asequible, sino que puede gestionar comercios locales, servicios y espacios verdes para el bien común.
- La organización vecinal es el motor de todo el proceso; desde la defensa contra desalojos hasta la compra de edificios, la fuerza colectiva es la clave del éxito.
Cómo la planificación urbana afecta tu acceso a servicios básicos en menos de 15 minutos
La calidad de vida en un barrio no se mide solo por la calidad de sus viviendas, sino por la facilidad de acceso a los servicios esenciales: un centro de salud, una escuela, una tienda de alimentos frescos, un parque donde jugar. El concepto del « barrio de 15 minutos » promueve una planificación urbana donde los residentes pueden satisfacer la mayoría de sus necesidades diarias a un corto paseo a pie o en bicicleta. Sin embargo, en muchos barrios, especialmente los de rentas más bajas, la planificación ha estado dictada por los intereses del mercado, creando « desiertos de servicios » donde lo más básico está lejos o es inaccesible.
Aquí es donde el Fideicomiso de Tierras Comunitario demuestra ser una herramienta de planificación urbana desde la base. Al tener el control sobre parcelas de tierra y locales dentro del barrio, la comunidad puede decidir activamente qué servicios faltan y dónde ubicarlos. En lugar de esperar a que un inversor decida abrir (o cerrar) un supermercado, el CLT puede adquirir un local y alquilarlo a una cooperativa de alimentos, o ceder un terreno para la creación de un jardín comunitario o un centro de día para mayores. Los fideicomisos de tierras comunitarias actúan como administradores a largo plazo no solo de viviendas, sino de jardines comunitarios, edificios cívicos y espacios comerciales, convirtiéndose en los verdaderos arquitectos de su entorno.
Este proceso de planificación participativa transforma a los residentes de meros consumidores de la ciudad a productores de su propio hábitat. Para lograrlo, es esencial un mapeo colaborativo de las necesidades y recursos del barrio:
- Fase 1 (Inventario): Realizar un inventario exhaustivo de los servicios existentes en un radio de 15 minutos a pie desde diferentes puntos del barrio.
- Fase 2 (Identificación de vacíos): Mapear visualmente los « desiertos de servicios », es decir, las zonas con un acceso deficiente a necesidades básicas como salud, educación, alimentación fresca o espacios verdes.
- Fase 3 (Mapeo de oportunidades): Identificar propiedades vacías, solares abandonados o locales subutilizados que podrían ser adquiridos o arrendados por el CLT para albergar los servicios faltantes.
- Fase 4 (Priorización comunitaria): Organizar asambleas vecinales para debatir y votar qué servicios son los más urgentes y prioritarios para la comunidad.
- Fase 5 (Acción): Explorar activamente la compra o el arrendamiento de los locales identificados a través del CLT, buscando financiación y estableciendo alianzas estratégicas.
Al utilizar el CLT como su propia agencia de urbanismo, los vecinos dejan de ser peones en el tablero de la ciudad y se convierten en los jugadores que diseñan las reglas, asegurando que su barrio no solo sea un lugar asequible para vivir, sino un lugar vibrante y completo donde prosperar.
Preguntas frecuentes sobre Fideicomisos de Tierras Comunitarios
¿Quién es el dueño de la tierra en un CLT?
La tierra es propiedad del Fideicomiso de Tierras Comunitario, una organización sin ánimo de lucro gobernada por una junta que representa a los residentes de las viviendas del CLT, a la comunidad del barrio en general y al interés público. Esta propiedad colectiva es la que garantiza que el suelo nunca vuelva al mercado especulativo.
Si compro una casa en un CLT, ¿puedo dejarla en herencia a mis hijos?
Sí, generalmente se puede heredar una vivienda en un CLT. Sin embargo, los herederos normalmente deben cumplir con los mismos requisitos de elegibilidad de ingresos que cualquier otro comprador, para asegurar que la vivienda siga cumpliendo su misión de asequibilidad. Los detalles específicos varían según los estatutos de cada CLT.
¿Son los CLT solo para personas de muy bajos ingresos?
No necesariamente. Aunque su objetivo principal es servir a hogares de ingresos bajos y moderados que son excluidos del mercado tradicional, muchos CLT buscan crear comunidades de ingresos mixtos para fomentar la estabilidad y la diversidad. Los criterios de elegibilidad suelen abarcar un rango de ingresos, a menudo definidos como un porcentaje del Ingreso Medio del Área (AMI).