
Creemos que ayudar al Sur Global es donar dinero o ropa, pero esta visión a menudo perpetúa la dependencia y refuerza estructuras de poder desiguales.
- Los proyectos liderados por locales son drásticamente más exitosos porque se basan en el conocimiento real del terreno y las necesidades comunitarias.
- La inversión directa en economías locales y la desintermediación son mucho más efectivas que la caridad canalizada a través de múltiples capas burocráticas.
Recomendación: Cambia el enfoque: en lugar de « salvar », invierte en la soberanía y capacidad de las comunidades para que sean ellas las protagonistas de su propio desarrollo.
La imagen es familiar: un joven europeo, con el corazón lleno de buenas intenciones, viaja a una comunidad remota para « ayudar ». Pinta una escuela, reparte ropa o se toma fotos con niños sonrientes. En la superficie, parece un acto de pura generosidad. Sin embargo, tras años trabajando en terreno, he visto cómo este impulso, sin una profunda reflexión crítica, a menudo hace más daño que bien. El problema no es la falta de empatía, sino un sistema de cooperación internacional construido sobre una base paternalista y colonial que nos posiciona como « salvadores » y a las comunidades del Sur Global como receptoras pasivas de nuestra benevolencia.
El debate suele centrarse en gestos superficiales como donar a grandes ONG o hacer « volunturismo ». Pero estas son solo las hojas de un árbol con raíces mucho más profundas. Hablamos de una estructura que extrae valor, impone soluciones externas y silencia las voces locales. El complejo del « salvador blanco » no es solo una cuestión de actitud individual; es el síntoma de un modelo asistencialista que infantiliza y perpetúa los ciclos de dependencia que dice querer romper.
Pero, ¿y si la verdadera clave no fuera « ayudar mejor », sino cambiar radicalmente el paradigma? ¿Si en lugar de caridad vertical, habláramos de inversión en la soberanía local? ¿Si pasáramos de los flujos de ayuda unidireccionales a una cooperación horizontal basada en el respeto mutuo y el aprendizaje compartido? Este artículo no es una crítica para paralizar, sino una guía para actuar de forma diferente. Es una invitación a desmantelar nuestras propias preconcepciones y a convertirnos en verdaderos aliados, no en salvadores.
A lo largo de las siguientes secciones, exploraremos cómo podemos apoyar de manera efectiva y respetuosa, desglosando desde el financiamiento de proyectos hasta la narrativa que utilizamos. Analizaremos por qué los modelos locales funcionan, cómo las cadenas de valor globales perpetúan la desigualdad y qué alternativas concretas existen para construir una cooperación basada en la dignidad y la justicia.
Índice: Descolonizando la ayuda: una guía para la cooperación horizontal
- ¿Por qué los proyectos liderados por locales tienen un 40% más de tasa de éxito a 5 años?
- Cómo enviar fondos a organizaciones de base evitando intermediarios burocráticos costosos
- Pobreza digna vs Pornografía de la miseria: ¿cómo contar historias sin victimizar?
- El error de enviar ropa usada que destruye la industria textil local del país receptor
- Crear redes de mentores donde el aprendizaje fluya en ambas direcciones (Norte-Sur y Sur-Norte)
- ¿Por qué el agricultor solo recibe el 5% del precio final de una tableta de chocolate convencional?
- Nube pública o Servidor local: ¿dónde procesar datos de refugiados para garantizar su seguridad?
- Cómo intercambiar servicios sin usar dinero mediante un banco de tiempo en tu ciudad
¿Por qué los proyectos liderados por locales tienen un 40% más de tasa de éxito a 5 años?
La respuesta es simple y, sin embargo, revolucionaria para el sector de la cooperación: conocimiento contextual y propiedad. Durante décadas, el modelo dominante ha consistido en que expertos externos diseñen proyectos en despachos de capitales europeas para luego « implementarlos » en comunidades que apenas conocen. El resultado es una tasa de fracaso abrumadora. Las soluciones no responden a las necesidades reales, no se adaptan a la cultura local y, lo que es más importante, la comunidad no las siente como propias. Cuando el financiamiento externo se retira, el proyecto muere.
En contraste, los proyectos de Desarrollo Impulsado por la Comunidad (CDD, por sus siglas en inglés) invierten esta lógica. Ponen los recursos y la toma de decisiones en manos de las organizaciones de base. Son los propios miembros de la comunidad quienes identifican sus problemas, diseñan las soluciones y gestionan los recursos. Este enfoque no solo es más democrático, sino drásticamente más efectivo. Una evaluación del Banco Mundial sobre el desarrollo comunitario demostró un aumento del 86% en el acceso a agua mejorada en proyectos que siguieron este modelo.
El Proyecto de Inversión Comunitaria Rural en Bolivia es un ejemplo claro. Desde 2011, ha transferido responsabilidades y recursos directamente a más de 360,000 habitantes rurales, respaldando 880 subproyectos para mejorar infraestructuras básicas. El éxito de estos modelos se basa en cuatro pilares: fortalecen las habilidades locales, desarrollan un liderazgo orgánico, construyen capital social (confianza y reciprocidad) y, sobre todo, aprovechan el conocimiento directo e insustituible que solo la propia comunidad posee sobre su realidad.
Cómo enviar fondos a organizaciones de base evitando intermediarios burocráticos costosos
Uno de los mayores problemas del sistema de ayuda tradicional es la cadena de intermediarios. Una donación realizada en Europa puede pasar por una sede internacional, una oficina regional y una delegación nacional antes de que un porcentaje mínimo llegue al proyecto en terreno. Cada paso consume un porcentaje significativo en salarios, logística y gastos administrativos, un fenómeno que yo llamo la « evaporación burocrática ». Este sistema no solo es ineficiente, sino que perpetúa una dinámica de poder donde las grandes ONG del Norte Global controlan los flujos financieros.
La alternativa es la desintermediación: buscar canales para que los fondos lleguen de la forma más directa posible a las organizaciones de base. Esto no significa necesariamente renunciar a todas las organizaciones intermediarias, algunas especializadas y transparentes son necesarias, sino investigar y priorizar aquellas con estructuras más planas y un compromiso demostrado con la transferencia directa de fondos. Hoy en día, plataformas de crowdfunding especializadas y colectivos locales ofrecen vías para apoyar directamente iniciativas comunitarias.

El modelo de microcréditos comunitarios implementado por Construye Mundo en Senegal es un excelente ejemplo de inversión, no caridad. En lugar de dar dinero, se conceden pequeños préstamos a Comités de Gestión Comunitaria. El hecho de que el 99% de los beneficiarios devuelvan el dinero demuestra un nivel de apropiación y responsabilidad que la caridad pura rara vez consigue. El dinero se reinvierte, creando un ciclo de desarrollo autónomo y sostenible que fortalece la economía local desde dentro.
Pobreza digna vs Pornografía de la miseria: ¿cómo contar historias sin victimizar?
La forma en que comunicamos sobre el Sur Global es tan importante como la ayuda que enviamos. Durante décadas, las campañas de recaudación de fondos se han basado en lo que se conoce como « pornografía de la miseria » (poverty porn): imágenes de niños con el vientre hinchado, miradas tristes y un entorno desolador. El objetivo es claro: provocar lástima y culpa en el donante para impulsar una donación impulsiva. Si bien puede ser efectivo a corto plazo, el daño a largo plazo es inmenso.
Esta narrativa refuerza el estereotipo de un Sur Global pasivo, indefenso e incapaz de resolver sus propios problemas. Presenta a las personas no como seres humanos complejos con agencia, sueños y capacidades, sino como meros objetos de nuestra compasión. Se crea una falsa dicotomía entre « nosotros » (los salvadores) y « ellos » (las víctimas). Como señala la activista Desirée Bela, esta dinámica es profundamente problemática.
El salvador blanco es el bueno de la peli que provoca la infantilización de las comunidades racializadas y da a entender que estas son incapaces de resolver sus propios problemas.
– Desirée Bela, La cooperación convertida en postureo – Público.es
La alternativa es la narrativa de la dignidad y la agencia. Esto implica contar historias que muestren a las personas como protagonistas de sus propias vidas. En lugar de enfocarse en el problema, se enfoca en las soluciones que ellos mismos están creando. En lugar de mostrar carencia, se muestra resiliencia, innovación y fortaleza. Se trata de humanizar, de mostrar el contexto completo y de presentar a las comunidades no como un problema a resolver, sino como socios con los que colaborar.
El error de enviar ropa usada que destruye la industria textil local del país receptor
Pocas acciones parecen tan inofensivas y bienintencionadas como donar la ropa que ya no usamos. Llenamos una bolsa, la dejamos en un contenedor y sentimos que hemos hecho una buena obra. Sin embargo, la realidad de la donación masiva de ropa de segunda mano es uno de los ejemplos más claros de cómo la « ayuda » no solicitada puede tener consecuencias devastadoras para las economías de dignidad locales.
Cuando toneladas de ropa usada inundan los mercados de países en África o América Latina, compiten directamente con la producción textil local. Los sastres, tejedores y pequeños comerciantes no pueden competir con precios tan bajos (a menudo cercanos a cero). El resultado es la destrucción sistemática de una industria que genera empleo, preserva técnicas tradicionales y es una fuente de orgullo cultural. En lugar de fomentar la autosuficiencia, esta práctica crea una nueva forma de dependencia.

Este fenómeno es parte de un problema mayor, similar al del « volunturismo », que según datos de Oxfam Intermón muestra un crecimiento anual del 20% en viajes de voluntariado. La intención es buena, pero el impacto, sin un análisis profundo, puede ser negativo. La solución no es enviar más cosas, sino apoyar las estructuras productivas que ya existen. En lugar de donar una camiseta usada, considera comprar una prenda hecha por una cooperativa local. En lugar de regalar, invierte. Apoyar a una cooperativa de tejedoras no solo proporciona ingresos, sino que valida su arte, fortalece su comunidad y contribuye a una economía circular y soberana.
Crear redes de mentores donde el aprendizaje fluya en ambas direcciones (Norte-Sur y Sur-Norte)
El modelo tradicional de cooperación se basa en una premisa arrogante: el Norte tiene el conocimiento y la tecnología, y el Sur tiene los problemas. La ayuda, por tanto, es un flujo unidireccional de « expertos » que van a « enseñar ». Esta visión no solo es una herencia colonial, sino que ignora la inmensa riqueza de conocimiento, innovación y resiliencia que existe en el Sur Global. Para descolonizar la ayuda, debemos pasar a un modelo de flujos horizontales de aprendizaje.
La Cooperación Sur-Sur, promovida por las Naciones Unidas, es un poderoso ejemplo de este paradigma. Se trata de un enfoque colaborativo donde países del Sur Global intercambian conocimientos, capacidades y tecnologías para resolver desafíos comunes. Se basa en el respeto mutuo, la solidaridad y la ausencia de las condicionalidades que a menudo acompañan a la ayuda del Norte. No se trata de un donante y un receptor, sino de socios que trabajan juntos.
Este principio de horizontalidad debe extenderse a la relación Norte-Sur. En lugar de programas de mentoría donde un experto occidental « guía » a un emprendedor local, debemos crear redes donde el aprendizaje sea bidireccional. El cooperante europeo tiene mucho que aprender de un agricultor ugandés sobre agricultura sostenible y adaptación al cambio climático. El ingeniero de software de Silicon Valley puede aprender de las soluciones de pago móvil de Kenia. Como afirman las Naciones Unidas, estas colaboraciones ya están transformando el mundo:
Desde médicos cubanos respondiendo al ébola en África Occidental, hasta expertos colombianos compartiendo estrategias para combatir el hambre, estas asociaciones están resolviendo problemas reales y transformando la manera en que entendemos el desarrollo.
– Naciones Unidas, Día de las Naciones Unidas para la Cooperación Sur-Sur
Reconocer que no tenemos todas las respuestas y abrirnos a aprender es, quizás, el paso más radical y necesario para construir una cooperación basada en la igualdad.
¿Por qué el agricultor solo recibe el 5% del precio final de una tableta de chocolate convencional?
Esta pregunta expone la cruda injusticia de muchas cadenas de valor globales. Mientras disfrutamos de una tableta de chocolate en Europa, el agricultor de cacao en Ghana o Costa de Marfil que cultivó la materia prima esencial recibe una fracción ínfima del precio que pagamos. Este no es un fallo del sistema, sino su diseño. Las estructuras comerciales postcoloniales fueron creadas para extraer materias primas baratas del Sur Global y concentrar el valor añadido (procesamiento, marketing, distribución) en el Norte Global.
El siguiente cuadro desglosa de forma simplificada dónde se queda el valor en la cadena del cacao convencional. La evidencia es aplastante: la mayor parte de la riqueza se genera lejos del lugar de origen, dejando a los productores en una situación de precariedad crónica. Esta dinámica convierte la « ayuda » en un gesto hipócrita: por un lado, enviamos donaciones para paliar la pobreza; por otro, sostenemos un sistema comercial que la genera y perpetúa.
| Etapa de la cadena | Porcentaje del valor | Ubicación geográfica |
|---|---|---|
| Producción de cacao | 5% | Sur Global (África, América Latina) |
| Intermediarios locales | 10% | País productor |
| Exportación y transporte | 15% | Internacional |
| Procesamiento y manufactura | 35% | Norte Global |
| Marketing y distribución | 35% | Norte Global |
Apoyar de forma ética implica mirar más allá de la caridad y actuar sobre estas estructuras. El comercio justo es un primer paso, pero debemos ir más allá, apoyando a empresas y cooperativas que realizan el procesamiento en origen, reteniendo más valor en la comunidad. Esto contradice la narrativa de un Sur desvalido, especialmente cuando, según datos de Naciones Unidas sobre el papel económico del Sur Global, estos países ya impulsan más de la mitad del crecimiento económico mundial. No necesitan nuestra limosna, necesitan justicia comercial.
Nube pública o Servidor local: ¿dónde procesar datos de refugiados para garantizar su seguridad?
En la era digital, la ayuda humanitaria también se ha tecnologizado. La gestión de datos de poblaciones vulnerables, como refugiados o desplazados internos, es una tarea crítica que plantea enormes dilemas éticos y de seguridad. La elección entre usar una nube pública (gestionada por grandes corporaciones como Amazon o Microsoft) o un servidor local no es meramente técnica, sino política. Almacenar datos sensibles en servidores ubicados en el extranjero puede exponer a las personas a la vigilancia de gobiernos o a leyes de protección de datos que no están diseñadas para su contexto.
La soberanía de los datos es un pilar fundamental de la cooperación moderna. Siempre que sea posible, se debe priorizar el control local de la información. Esto puede implicar el uso de servidores locales o la elección de proveedores de nube que garanticen que los datos se almacenen en una jurisdicción segura y respetuosa con los derechos humanos. El principio clave es la minimización de datos: recolectar solo la información estrictamente necesaria y garantizar el consentimiento informado de cada individuo.
La seguridad no es solo una cuestión de cifrado, sino también de poder. ¿Quién tiene acceso a los datos? ¿Bajo qué legislación? ¿Pueden las personas solicitar que su información sea eliminada? Estas preguntas deben estar en el centro de cualquier proyecto que implique la gestión de datos personales. Un enfoque responsable es crucial para no replicar en el mundo digital las dinámicas de poder y control de la era colonial.
Plan de acción: Protección de datos en contextos humanitarios
- Priorizar soluciones locales: Evaluar siempre primero la viabilidad de servidores y sistemas de gestión locales para mantener la soberanía de los datos.
- Implementar cifrado robusto: Utilizar cifrado de extremo a extremo para toda la información sensible, tanto en tránsito como en reposo.
- Minimizar la recolección: Recolectar únicamente los datos personales que sean absolutamente indispensables para la prestación del servicio humanitario.
- Garantizar el consentimiento y el control: Obtener un consentimiento informado, claro y explícito, y asegurar mecanismos para que las personas puedan acceder, rectificar y eliminar sus datos.
- Evaluar riesgos jurisdiccionales: Analizar las leyes de protección de datos y vigilancia del país donde se alojarán físicamente los datos antes de tomar una decisión.
Puntos clave a recordar
- Prioriza siempre proyectos diseñados y liderados por las propias comunidades locales; su conocimiento del contexto es insustituible.
- Cambia el enfoque de la caridad a la inversión: apoya economías locales, comercio justo y la desintermediación para un impacto sostenible.
- Comunica con dignidad, contando historias de agencia y resiliencia en lugar de recurrir a narrativas que victimizan y refuerzan estereotipos.
Cómo intercambiar servicios sin usar dinero mediante un banco de tiempo en tu ciudad
Hemos recorrido un largo camino, desde la crítica al modelo de ayuda tradicional hasta propuestas para una cooperación más justa a nivel global. Pero, ¿cómo podemos empezar a practicar estos principios de horizontalidad y reciprocidad en nuestro entorno más cercano? El concepto de banco de tiempo es una manifestación perfecta, a escala local, de una economía basada en la confianza y el valor mutuo, en lugar de en la acumulación de capital.
Un banco de tiempo es un sistema de intercambio donde la moneda es la hora. Cada participante ofrece un servicio (desde reparar una bicicleta hasta dar clases de idiomas) y, a cambio, acumula horas que puede « gastar » recibiendo servicios de otros miembros. El principio fundamental es radicalmente igualitario: una hora de trabajo de un abogado vale exactamente lo mismo que una hora de cuidado de un jardín. Se rompe con la jerarquía de valor del mercado capitalista y se pone el foco en la habilidad y la necesidad compartida.

Este modelo no solo facilita el acceso a servicios sin necesidad de dinero, sino que, y esto es lo más importante, construye capital social. Genera lazos de confianza, fomenta la reciprocidad y fortalece el tejido comunitario, precisamente los elementos que identificamos como claves para el éxito de los proyectos de desarrollo local. Es una forma de pasar de la transacción a la relación. Al participar en un banco de tiempo, no solo resolvemos una necesidad práctica, sino que nos reconocemos como miembros interdependientes de una comunidad con talentos y necesidades diversas.
En última instancia, descolonizar la ayuda no es una tarea para gobiernos o grandes instituciones únicamente. Empieza con una reflexión personal y un cambio en nuestras propias acciones. Para poner en práctica estos principios, el siguiente paso es investigar y conectar con organizaciones de base, colectivos de comercio justo y plataformas de apoyo directo que pongan la soberanía local en el centro de su misión. Cuestiona, investiga y, sobre todo, escucha. La verdadera cooperación empieza cuando dejamos de vernos como salvadores y empezamos a actuar como socios.